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El deflacionismo de Richard Rorty

  • El concepto clásico de verdad.

La primera pregunta antes de abordar el tema del deflacionismo de Richard Rorty comienza por indagar sobre el concepto de verdad, una respuesta es la definición clásica del término, la que propuso Platón en su diálogo “Teeteto” y que define a la verdad como una creencia verdadera justificada. Dicha definición fue reformulada en la década de los 40 y 50 por Chisholm y Ayer, y se estructura lógicamente de la siguiente manera: Un individuo S conoce la proposición P, si y solo si: a) P es verdadera, b) S cree que P, y c) La creencia de S en P está justificada.

Precisamente, esta última parte es la más importante porque debería llevarnos a preguntar que hace que una creencia sea justificada, una respuesta la encontramos en Aristóteles quien en su teoría de la significación y en su ontología considera a la verdad como correspondencia entre la creencia o la proposición que tenemos en nuestra mente y los hechos que acontecen en la realidad.

Sin embargo, dicho concepto de conocimiento será puesto a prueba en 1963 cuando Edmund Gettier publique su artículo “¿Es el conocimiento creencia verdadera justificada?” y haga ver que tal definición presentaba una falla. Pero si es así, cómo queda el criterio de correspondencia que justifica que el conocimiento sea una creencia verdadera justificada.

  • La teoría deflacionista de la verdad.

Como hemos visto hasta ahora, el concepto de verdad fue netamente correspondentista. Sin embargo, con el tiempo se daría un vuelco total apareciendo propuestas que llevarían a tratar de eliminar dicho concepto. Para entender ello García Zarate nos habla de tres momentos claves en la Filosofía: El giro ontológico, el giro epistemológico y el giro lingüístico. El primero es denominado como pre-kantiano y corresponde al periodo griego hasta la edad moderna, donde la preocupación iba por la fundamentación de todo lo existente, el ser. En cambio, el segundo momento, es denominado kantiano y corresponde a la edad moderna, donde la preocupación iba a tornarse hacia el proceso del conocimiento, siendo  el mayor referente el filósofo alemán Inmanuel Kant y cuya influencia llegará hasta el siglo XX. Finalmente, el giro lingüístico, considerado post-kantiano se concentrará en el análisis del lenguaje.

Este giro lingüístico tendría sus aspectos positivos como el desarrollo de los estudios referidos al significado del lenguaje, dado que establecieron una relación entre lenguaje, pensamiento y realidad, por lo que  estudiar el lenguaje iba más allá que un simple análisis de proposiciones. Sin embargo, también tuvo un aspecto negativo y es que los positivistas lógicos buscaban extirpar la metafísica clásica de la filosofía.

Ahora bien, en este momento post-kantiano se van a generar los debates sobre la verdad, los cuales giraban en torno a dos presupuestos básicos: la naturaleza sustantiva de la verdad y el rol sustantivo de la verdad. El primero consiste en considerar que la verdad es naturalmente una palabra metafísicamente cargada, es decir que la verdad es un criterio que permite relacionar la mente con la realidad, las proposiciones con el mundo. El otro supuesto se refiere a considerar que la verdad tiene un rol explicativo dentro de la investigación científica.

Así los debates puede clasificarse en dos subtipos: el primer subtipo abordó solo el segundo supuesto y el segundo subtipo abordó ambos. El primero se dio dentro de los positivistas lógicos, que debatieron sobre el rol sustantivo de la verdad en las investigaciones científicas, debate que concluiría con el planteamiento de Tarski y su planteamiento del lenguaje-objeto y metalenguaje. Según este planteamiento una proposición entrecomillada correspondería al lenguaje-objeto, mientras que todo lo que se predique de esta correspondería al metalenguaje. Así, Tarski logra establecer esta correlación entre mente y realidad entrecomillando la oración que referencia a una proposición que se encuentra en nuestra mente y dejando sin comillas a la oración que hace referencia a la realidad. Lo que podemos ver en el siguiente ejemplo: “La nieve es blanca” es verdadera, si y solo si la nieve es blanca. Cabe señalar que el predicado “es verdadera” se considera como un predicado de verdad.

El segundo subtipo de debate ocurre entre dos bandos: los sustantivistas y los deflacionistas. Los primeros defienden los dos supuestos señalados anteriormente, es decir afirman el rol sustantivo de la verdad y su naturaleza sustantiva. En cambio, los deflacionistas rechazan ambos supuestos puesto que la verdad es metafísicamente ligera, en el sentido que no establece ninguna correspondencia entre las proposiciones y la realidad, y que puede ser determinada por el análisis del uso del predicado de verdad, esto es una clara influencia de las filosofías del giro lingüístico.

Ahora bien, el deflacionismo se vio influenciado por dos tradiciones del giro lingüístico: la filosofía del lenguaje ideal y la filosofía del lenguaje ordinario. La primera tradición consiste en señalar que el lenguaje natural no permite resolver los problemas de la filosofía sino que los enreda, por tanto es necesario llevarlo a un lenguaje formal para a partir de allí resolver los problemas filosóficos o descubrir que son pseudo-problemas, esta es la posición de Russell en su teoría de las descripciones definidas y del primer Wittgenstein, e influyó en la teoría deflacionista de la redundancia de Ramsey, motivo por el cual ellos plantean que el uso del predicado de verdad no es necesario pues la proposición formal ya hace referencia a un objeto existente en la realidad. La otra tradición es la de la filosofía del lenguaje ordinario, según esta lo que se busca es resolver problemas filosóficos a través del estudio de las prácticas comunes en el uso del lenguaje ordinario, dicha tradición tuvo una gran influencia en la teoría deflacionista performativa de Strawson.

  • El deflacionismo de Richard Rorty.

Dentro de este ambiente de debates sobre la verdad es que se forma la figura de Richard Rorty, filósofo norteamericano cuya filosofía tendrá tres momentos: analítico, hermenéutico y pragmático. Incluso afirmará que su filosofía es un neo-pragmatismo que se sostiene en cuatro puntos: el rechazo del uso explicativo de la verdad, el rechazo a la filosofía entendida como teoría del conocimiento, planteamiento de un nuevo modelo fisicalista no reduccionista y planteamiento de una comunidad lingüística como entorno cultural.

En cuanto al rechazo del uso explicativo de la verdad, Rorty se encuentra dentro del grupo de los deflacionistas porque rechaza los dos supuestos del sustantivismo. Para ello se apoya en un planteamiento de Donald Davidson, que consiste en considerar a la verdad como absoluta e inalcanzable dado que lo único que fundamenta nuestras proposiciones son otras proposiciones, pero estas como expresiones de lenguaje se caracterizan por ser relativas y porque nunca podrán ser un nexo entre el conocimiento y la realidad. Davidson considera que la teoría correspondentista de la verdad, vinculado a la relación de verificación se produce como consecuencia de asumir una relación de representación entre el sujeto y el mundo, ya que de no existir esta relación no habría la necesidad de verificar si las expresiones que representan el mundo son verdaderas o falsas.

Otro punto a considerar, es su rechazo a la filosofía entendida como teoría del conocimiento que se produce por un error en el pensamiento de la filosofía occidental y consiste en considerar a la mente como un espejo de la naturaleza, es decir que nuestra mente contiene representaciones exactas de la realidad, de lo dado por los sentidos o la sensibilidad kantiana. Sin embargo, tomando los planteamientos de Wilfrid Sellars respecto al mito de lo dado, que consisten en que para percibir la realidad no basta con la información obtenida a través de los sentidos, sino que anteriormente a ello, debimos aprender un lenguaje, lo que hace que nuestros conocimientos sean de naturaleza proposicional (lingüística), mientras que la realidad es ontológica (no lingüística) por lo que el conocimiento no puede fundamentarse en la realidad sino en otras proposiciones contenidas en su comunidad lingüística.

Por otro lado, Rorty considera que la teoría del conocimiento se encontraría dentro del modelo post-kantiano de relación entre el yo y el mundo, donde se establecen que el yo se encuentra estructurado en tres niveles: el yo interior, el yo intermedio y el yo exterior. De esta manera, el yo interior es el que tiene las creencias y deseos de los otros niveles, mientras que el yo intermedio se compone de las creencias y deseos necesarios o estructurales que constituye el nivel exterior, y el yo exterior que se compone de las creencias y deseos contingentes o empíricos. Asimismo, este yo dividido en tres niveles se relaciona con el mundo a través de cuatro formas: relación de verificación, relación de representación, relación de constitución y relación de causalidad. La primera es una relación unidireccional del mundo exterior al yo exterior, y es eliminada con los planteamientos de Davidson, como hemos visto anteriormente. La relación de representación es de naturaleza unidireccional y está dirigida del yo exterior al mundo exterior, y Rorty la elimina tomando como base un planteamiento de Pearce que consiste en considerar a las creencias como medio para adaptarse o manejar la realidad o diferentes situaciones, dejando de lado la concepción de creencia como representación exacta de la realidad. Finalmente, la relación de constitución que también es de naturaleza unidireccional y que está dirigida del yo intermedio al mundo exterior, su eliminación implicará la eliminación del límite entre el yo exterior y el intermedio, y esto porque dicha relación implica la separación entre verdades necesarias y contingentes, división entre esquema y contenido. Para ello Rorty considera las críticas de Quine al empirismo lógico, que consiste en eliminar las diferencias ya mencionadas para pasar de un enfoque internalista a uno externalista, es decir, ya no nos preguntamos por lo que pasa en el interior de la mente del sujeto sino que lo consideramos como un todo y pasamos a un enfoque externalista de este, donde solo podemos ver su conducta respecto a sus creencias.

De esta manera, Rorty rechaza a la filosofía como teoría del conocimiento y plantea en su lugar un modelo fisicalista no reduccionista que mantiene la relación bilateral de causalidad entre el yo y el mundo exterior, por un lado, y por el otro establece una relación de justificación entre la red de creencias y deseos del sujeto, dejando de fundamentar la verdad del conocimiento en la realidad. Este punto nos lleva a preguntarnos por la forma en que se establece dicha red de creencias y deseos, y como estas pueden fundamentar la verdad de nuestros conocimientos.

Así, Rorty nos hablará de la comunidad lingüística y del consenso, refiriendo que la verdad se obtendrá ya no por una contrastación entre conocimiento y realidad, sino por la utilidad o inutilidad de este conocimiento, es decir por consenso. En otras palabras, aquello que es aceptado socialmente por una comunidad de individuos es considerado verdadero, una vez que esto haya ocurrido dicho acuerdo pasa a formar parte de la comunidad lingüística y de esa manera este estará conectado a nuestra red de creencias y deseos.

Referencias:

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Una indagación sobre la lógica y la realidad (Parte 4 y final)

El problema del fundamento del conocimiento

En un principio hemos visto que la relación con el mundo o la realidad implica una relación gnoseológica y que los filósofos griegos tomaron una posición realista al respecto, según la cual se asumía la existencia de un mundo externo independiente de la conciencia del sujeto. Dicho supuesto gnoseológico fue heredado por otras corrientes filosóficas posteriores y por la ciencia, llegando a preguntarse por aquello que permite explicar la conexión entre nuestro conocimiento y la realidad, Russell nos responde que a través del lenguaje lógicamente construido, tomando vital importancia los términos singulares genuinos.

Sin embargo, Martin (como se citó en Bobbio, 1988) señala que Russell en su afán de clasificar las cosas y los hechos de la realidad[1] se queda en la clasificación de proposiciones no de hechos, de allí que llegue a plantear una clasificación de hechos positivos y negativos, simples y complejos o particulares y generales. Prueba de ello, es que Russell considera la proposición “Esto es blanco” como un hecho particular y la proposición “Todos los hombres son mortales” como un hecho general.

Precisamente, filósofos como Richard Rorty y Hilary Putnam pondrían en tela de juicio que en verdad podamos establecer una correspondencia entre los contenidos de la mente y la realidad.

  • Rorty y el fundamento del conocimiento.

Richard Rorty establece que la teoría del conocimiento y el concepto de verdad por correspondencia son producto de un error que venimos arrastrando desde Aristóteles, y consiste en considerar a la mente como un espejo de la naturaleza. Dicho error lo retoma en aquella época el empirismo lógico que sostiene que las ciencias que se expresan en proposiciones sintéticas son susceptibles de ser verificadas empíricamente. Precisamente, Rorty señala que este modelo postkantiano de relaciones entre el Yo y el Mundo presenta tres niveles de Yo: Yo exterior, intermedio e interior, los dos primeros presentan creencias y deseos contingentes o empíricos, y necesarios o estructurales, respectivamente; mientras que el tercero es el núcleo inefable que tiene las creencias y deseos de las otras capas mencionadas.

Asimismo, Rorty especifica que la capa exterior del Yo establece tres tipos de relaciones con el mundo físico, mientras que la capa intermedia del Yo establece solo una. Las relaciones entre el Yo exterior y la realidad son de verificación, representación y causación, mientras la relación del Yo intermedio con la realidad es la de constitución. Cabe señalar que Rorty elimina estas relaciones quedándose únicamente con la de causación, dejando como consecuencias las siguientes: eliminando la representación ya no es necesario que las creencias se convierten en instrumentos que permitan manejar la realidad, dejando de ser meras representaciones de la misma. Eliminado la constitución se eliminan de las barreras entre verdades necesarias y contingentes, y no habría diferencia alguna entre esquema y contenido. Finalmente, la eliminación de la verificación implica que no sea necesaria una relación que explique la conexión entre el Yo y la realidad, siendo suficiente la relaciones causales entre aquellos y las relaciones de justificación internas a la red de creencias y deseos.

Sin embargo, este planteamiento solo traslada el fundamento del conocimiento de la relación entre el Yo y la realidad como verificación y representación a la relación de justificación que se da internamente en el sujeto, únicamente reafirma la existencia de una realidad externa independiente a este, pero no explica su fundamentación.

  • Putnam y el realismo metafísico.

Otro planteamiento posterior a Russell es el de Hilary Putnam, quien establece una diferencia entre realismo interno y realismo metafísico, uno de sus argumentos más conocidos contra el realismo metafísico de los empiristas lógicos es el de “el ojo de dios”, dicho argumento consiste en poner en cuestionamiento los supuestos de este tipo de realismo a saber: la existencia de un mundo externo independiente de la conciencia del sujeto, la posibilidad de hacer una descripción verdadera y completa del mundo, y la concepción correspondentista de la verdad; puesto que estos supuestos implican la perspectiva del ojo de dios, es decir, que el sujeto debería ser capaz de salir de su posición de sujeto en la relación gnoseológica para ser capaz de tomar la perspectiva del ojo de dios y constatar la correspondencia entre nuestro conocimiento y el mundo. Pero esto es completamente imposible por lo que contrapone al realismo metafísico un realismo interno que considera una concepción coherentista de la verdad, donde se busca que las creencias tengan coherencia con otras creencias obtenidas a partir de experiencias.

La postura de Putnam nos lleva a pensar que no habría forma de encontrar un fundamento de la existencia de la realidad, solo queda asumirla como supuesto metafísico o cuanto menos como axioma, para poder extraer los principios ontológicos de donde se derivan los principios lógicos.

Conclusiones

La lógica si bien es una ciencia formal que no tiene un objeto material, se fundamenta en principios lógicos como el principio de identidad, no contradicción, razón suficiente y tercio excluido. Sin embargo, los tres primeros se derivan de principios ontológicos, que a su vez son extraídos de la observación de la realidad, esto es comprensible pues la lógica es un constructo griego y ellos se relacionaban con su mundo bajo el supuesto gnoseológico del realismo, en aquel entonces un realismo ingenuo el cual se ha ido desarrollando hasta nuestros días hasta llegar a ser un realismo epistemológico. Precisamente, la existencia de esta realidad es lo que llevó a plantear tesis ontológicas que den cuenta de aquello que fundamenta la realidad, como algo que existe de manera independiente al sujeto; lo que llevó a planteamientos erróneos que la Filosofía Analítica llegó a corregir con la teoría de las descripciones definidas, pero sin llegar a establecer o encontrar tal fundamento. Posteriormente, la aparición de posturas anti-realistas dejan a entre ver que el realismo, sea ontológico o epistemológico, se sostiene en un supuesto metafísico y consiste en asumir la existencia de la realidad independiente del sujeto. Lo cual nos lleva a la paradoja de que incluso la lógica que pese a que sus objetos son ideales (como los esquemas de argumentos), debido que ésta se fundamenta en principios lógicos que son derivados de principios ontológicos también necesitaría asumir el mencionado supuesto como un axioma, ya que sin él no habría una realidad que observar y de la cual extraer los principios ontológicos ni podría haber conocimiento alguno.

[1] Bobbio (1988) señala que la realidad se compone de cosas y hechos, siendo los primeros estáticos y los segundos dinámicos o en movimiento. Adicional a ello, señala que ambas existen individualmente, pero por la cantidad de cosas que hay y pese a sus diferencias tendemos a agruparlas en clases, así tenemos clases de cosas y clases de hechos.

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La disolución de la filosofía como teoría del conocimiento ¿Ficción o realidad?

El objetivo fundamental de la propuesta de Richard Rorty es la eliminación de la filosofía entendida como teoría del conocimiento. Para ello señala que la teoría del conocimiento es un modelo de relación entre el yo y el mundo, identificando tres modelos: el modelo pre-kantiano o platónico y cristiano, el modelo post-kantiano o fisicalista reduccionista y el modelo materialista no reductivo que él plantea. Cabe señalar que Rorty critica fuertemente al modelo post-kantiano pese a que los tres modelos tienen los mismos elementos constituyentes: el sujeto cognoscente y el mundo externo. El sujeto cognoscente es el que se encarga de aprehender la realidad externa fuera de él, a partir de tener un objeto de conocimiento del cuál obtiene sus características a través de la observación. Por otro lado, se encuentra el mundo externo donde se encuentra el objeto con el que se va establecer la relación cognoscitiva del sujeto, es decir, se parte de la idea de que existe una realidad externa al sujeto e independiente de ser percibida o no por este.

No obstante, Rorty plantea la disolución de esta forma de entender la filosofía a partir de dos críticas: una contra la concepción de la mente como espejo de la naturaleza y la otra contra el mencionado modelo post-kantiano. Respecto a la primera crítica se afirma que dicha forma de entender al conocimiento como una representación exacta de la realidad en nuestra mente es un error que nació en el siglo XVII con la confusión entre la justificación del conocimiento y las relaciones causales del mismo, estableciendo una relación entre personas y objetos y no una relación entre personas y proposiciones, confusión que fue considerada como la base de la epistemología. Precisamente, esta observación es extraída de una crítica de Sellars al mito de lo dado, crítica que se fundamenta en que el conocimiento del sujeto tiene una realidad lingüística, mientras que el mundo exterior presenta una realidad ontológica y por ende no lingüística. De allí que señalen que el conocimiento no se produce de los datos empíricos, si es que previamente no existe el concepto en nuestro lenguaje, es decir, que el lenguaje antecede a la experiencia. Sin embargo, este planteamiento de Sellars no refuta el hecho de que para que exista un conocimiento sea necesario una relación entre el sujeto cognoscente y el objeto, simplemente la afirma pero incorporando una nueva variable a esta relación que sería el lenguaje como intermediario entre los datos empíricos y los conceptos, lo que lo lleva a considerar su planteamiento de la comunidad lingüística.

En cuanto a la crítica al modelo post-kantiano, procederemos a presentar nuestras objeciones de acuerdo a las eliminaciones que Rorty hace de las distintas relaciones unidireccionales establecidas entre el sujeto y el mundo exterior, tales como: la relación de representación, relación de constitución y relación de verificación. Respecto a la primera relación, Rorty considera a la verdad en un sentido pragmático, es decir, como aquella norma de acción que por su utilidad o inutilidad nos determine que conocimiento es verdadero. Sin embargo, reemplazar la representación de la realidad por una norma de acción es un paso un tanto facilista, pues si partiéramos como señala Sellars de que la realidad del sujeto es lingüística mientras la realidad del mundo externo es no lingüística, podríamos replantear o redefinir la relación de representación de otra manera, no como una imagen o fotografía del mundo exterior, sino como una descripción del mismo y así se mantendría el concepto de verdad como correspondencia que es tan esencial para la ciencia.

Ahora bien, podríamos conceder a favor de Rorty el hecho de que existen niveles de conocimiento, tales como: el conocimiento vulgar, científico y filosófico, por lo que la concepción de verdad como norma de acción se circunscribiría dentro de un nivel vulgar de conocimiento o conocimiento cotidiano, pero no científico. Un ejemplo de ello puede ser la práctica de hervir el agua por cuestiones de salubridad, es útil porque evita que se contraiga cualquier tipo de enfermedad producto de beber agua no hervida, sin embargo, dicho conocimiento se obtuvo producto de una investigación en la cual a través de la experimentación se determinó que las bacterias morían a ciertos niveles de temperatura, es decir el planteamiento pragmatista resulta útil en un nivel vulgar del conocimiento pero no a niveles científicos.

Otra relación que Rorty elimina es la de constitución, dicha relación consiste en distinguir entre lo analítico y lo sintético, el esquema y el contenido, relación donde el sujeto impone su esquema al mundo. Esto es otra forma de abordar lo planteado por Sellars de las realidades contrarias entre el conocimiento contenido en la mente del sujeto y el mundo exterior. Sin embargo, desde la perspectiva de la ciencia este planteamiento puede llevarnos a cuestionar su clasificación en ciencias formales como la matemática o la lógica que responden a lo analítico y las ciencias fácticas como las naturales  que responden a lo sintético o a la verificación empírica, ya que al no existir distinción, no existirían tal clasificación, debiendo evaluarse que otras implicancias podría traer ello. En cuanto a la estructura del yo, si bien Rorty plantea su disolución junto con la relación de constitución, esto no quita el hecho de que el sujeto en la relación cognoscitiva imponga su esquema conceptual, la diferencia puede estar nuevamente en los niveles del conocimiento: puesto que a nivel del conocimiento vulgar su esquema nunca será puesto en duda (al menos no regularmente), por lo que el sujeto siempre impondrá su propio esquema al mundo exterior; en cambio, en el caso del conocimiento científico dicho esquema será considerado como un paradigma y hasta que las investigaciones científicas no demuestren que el paradigma es equivocado, este se mantendrá como una verdad vigente.

Finalmente, Rorty elimina la relación de verificación, considerando que no es necesaria la correspondencia entre el conocimiento del sujeto (de naturaleza lingüística) y el mundo exterior (de naturaleza no lingüística), ya que esta necesidad de coincidencia es producto de la relación de representación, vale decir de concebir a la mente humana como una imagen exacta del mundo exterior. Sin embargo, dicha posición no es aplicable a nivel del conocimiento científico, puesto que dicho conocimiento se obtiene a través del método científico, el cual parte de una hipótesis sobre el mundo exterior y su verificación con este mediante la experimentación y la observación. En otras palabras, el conocimiento científico se obtiene a través de un meticuloso procedimiento que le permite tener la certeza de que sus descripciones y explicaciones sobre las cosas y los hechos acontecidos en el mundo exterior son relativamente exactos, relativo en cuanto a que el objiciendum no puede ser conocido en su totalidad sino hasta el objectum.

De esta manera, podemos ver que la pretensión de Rorty de eliminar la filosofía como teoría del conocimiento a través de la destrucción del modelo post-kantiano, cuyos cimientos serían para él la metáfora de la mente como espejo de la naturaleza, nos llevaría a consecuencias negativas para el desarrollo del conocimiento del ser humano, pues el conocimiento científico nutre en cierta forma al conocimiento vulgar, debido que sus descubrimientos son adoptados por la comunidad no científica como prácticas o hábitos, en el mejor de los casos. De otro lado, los desarrollos de la ciencia también pueden llevar al desarrollo de la tecnología, la cual puede llegar a la comunidad no científica bajo la forma de productos como los celulares, los televisores, las computadoras, etc., que a la postre se mantendrán como herramientas o prótesis de los sujetos en función a su utilidad.

Sin embargo, otro aspecto a considerar es que el modelo materialista no reductivo de Rorty conserva dos elementos fundamentales en la relación gnoseológica: el sujeto y el mundo exterior. Cabe señalar que dichos elementos son constituyentes de una posición metafísica respecto a la esencia del conocimiento o la relación entre el sujeto y el objeto, dicha posición es el realismo y se encuentra dentro del ámbito de la teoría del conocimiento. Lo particular del realismo es que parte de la confianza en la existencia de una realidad externa al sujeto, sin ponerla en cuestionamiento. Esta posición filosófica establece que el conocimiento se produce como resultado de la interacción entre un sujeto y un objeto, asimismo, de esta correlación se desprenden que el conocimiento necesita de una verificación empírica que permita corroborar que nuestros conocimientos coincidan con la realidad, es decir que exista una correspondencia entre nuestros conceptos y el mundo exterior. Esto es lo que se llama la teoría correspondentista de la verdad, es decir que la verdad se entiende como justificación de un conocimiento, independientemente de que este tenga una naturaleza proposicional o lingüística.

Así, el modelo materialista no reductivo de Rorty, que aparentemente ha diluido a la filosofía entendida como teoría del conocimiento, estaría sostenido sobre un supuesto gnoseológico del realismo, puesto que afirma la existencia de un mundo externo independiente del sujeto que es la causa de su conocimiento proposicional o lingüístico, manteniendo la correlación entre el sujeto y el objeto, con la única salvedad que el criterio de verdad de los conocimientos es asociado a la red de creencias y deseos establecidos por su comunidad lingüística.

De esta manera, podemos señalar que la ciencia, la investigación científica y el conocimiento científico se sostienen en un supuesto gnoseológico denominado realismo, el cual se deriva en una teoría correspondentista de la verdad que resulta medular dentro del método científico. Sin embargo, en general, toda experiencia de un sujeto con el mundo exterior implica una relación entre ambos que afirma implícitamente este supuesto gnoseológico del realismo y el modelo materialista no reductivo de Rorty no escapa de ello, por lo que su pretensión de diluir la filosofía como teoría del conocimiento caería en una contradicción debido que inconscientemente parte de presupuestos gnoseológicos extraídos del campo que pretende disolver.

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