Una apreciación de la película: “Joker”

«Es así, que Todd Philips da inicio a la narrativa de este personaje, presentándonos su versión de la génesis de este villano, la cual es narrada a través del uso de las luces y sombras a lo largo de toda la película, uso que pareciera remitirnos a un reestructuración del mito de la caverna, del cual solo se conserva ese paso de la sombra a la luz «

DC Comics había incursionado en las películas inspiradas en personajes extraídos de los comics a raíz del éxito del universo expandido de Marvel, pero con un resultado poco favorable que lo llevó a abandonar toda ambición de producir varias películas que se encuentren interconectadas dentro de un mismo arco argumental, siendo su mayor éxito la película de Aquaman donde invirtieron un presupuesto de 160 millones de dólares. Sin embargo, una película como Joker que contó con apenas 55 millones de dólares de presupuesto logró un éxito sin precedentes para cualquier película de DC Comics y Marvel, pues no solo obtuvo una recaudación de más de 96 millones de dólares en poco tiempo sino que consiguió el premio del león de oro a la mejor película en la septuagésima sexta edición del Festival de Venecia, mérito que ninguna película de este género ha obtenido hasta ahora. Así, el director de Joker, Todd Philips, con un presupuesto modesto que no le permitía depender de los efectos especiales como Avengers – End Game, consiguió que la historia del principal enemigo de Batman impresionara a críticos de cine y simples espectadores, y que una película de este género quiebre una trama simple del enfrentamiento entre buenos y malos donde siempre ganan los primeros, para colocarnos frente a un relato crudo y sombrío, donde asistimos a la desolada perdición del personaje principal.

Una crítica común que se hace a las películas inspiradas en comics está asociada a la simplicidad de su trama o incluso, como señala el cineasta Martín Scorcese, a la carencia de experiencias emocionales y psicológicas que transmitir a los espectadores, y ese es precisamente el punto fuerte de Joker, una película que nos narra la génesis del villano más icónico del superhéroe multimillonario Batman, con quien se suele establecer una correspondencia tal que narrativamente uno siempre depende del otro. Sin embargo, la película dirigida por Todd Philips carece de la presencia del hombre murciélago y se concentra en explorar los orígenes del villano, reinterpretándolo y colocándolo dentro de una ciudad gótica sumida en un caos social, en un ambiente inundado por la violencia, que la encontramos en el resentimiento de una clase sometida al desamparo, así como en la indiferencia y frialdad de una clase sostenida en la opulencia que decide ingresar a la política para intentar “civilizar” a los otros. En medio de este ambiente, aparece Arthur Fleck, un hombre adulto con problemas psiquiátricos que vive con su madre y que trabaja como payaso en una empresa, quien desde la primera imagen se nos presenta sumergido en la desesperanza, ascendiendo por unas escaleras con una posición corporal totalmente desgarbada y en un ambiente teñido de un tono azul que ahonda más la triste desolación en la que vive Arthur Fleck, pero dicho ascenso es un suplicio, el suplicio de tener que encajar en una sociedad que no lo acepta.

Es así, que Todd Philips da inicio a la narrativa de este personaje, presentándonos su versión de la génesis de este villano, la cual es narrada a través del uso de las luces y sombras a lo largo de toda la película, uso que pareciera remitirnos a un reestructuración del mito de la caverna, del cual solo se conserva ese paso de la sombra a la luz, pero donde la luminosidad en lugar de referirse al Bien, la Verdad o la Belleza hace referencia al surgimiento del Joker, se trata de una luz oscura que nos revela la despersonalización de Arthur Fleck y el dominio de la enfermedad mental sobre él. Dicho extravío psicológico se nos va narrando silenciosamente en cada uno de los fotogramas de la película. De modo que las escenas en que aparece Arthur Fleck existe un predominio de las sombras, mientras que la única luz tenue que aparece solo se encuentra allí para darnos la luminosidad necesaria para ver las expresiones del actor. Así, la escena del crimen en el tranvía es sumamente importante, porque visualmente nos presenta la primera aparición del Joker, a través del juego de luces y sombras que representan el dominio inicial de la enfermedad mental sobre la frágil mente de Arthur, a la vez que se van sucediendo los disparos que acaban con la vida de los tres trabajadores de Thomas Wayne, el gran magnate de ciudad Gótica.

Ahora bien, este paso de las sombras a la luz se constituye en un camino de descenso como nos presentan las escenas del Joker antes de presentarse en el programa televisivo. Dicho descenso ocurre en las mismas escaleras que subía Arthur Fleck al inicio de la película, pero en un escenario completamente iluminado y a plena luz del día, como si esa escalera representará el discurrir de la mente de Arthur, entre la lucha por intentar encajar en una sociedad que lo rechaza por su misma enfermedad y la despersonalización que lo lleva a desconectarse completamente de las normas sociales. Sin embargo, este camino de descenso ocurre a través de cuatro peldaños o esferas que constituyen el mundo de Arthur Fleck: su relación con la sociedad, con su entorno laboral, con su madre y con su figura paterna y modelo a seguir. Cada uno de estas esferas significará una decepción para Arthur, las que irán destruyendo paulatinamente su mundo, al mismo tiempo que él se va entregando a las fauces de su enfermedad mental. Así, la esfera social se comienza a quebrar con los letrerazos que recibe por parte de unos jóvenes y se cierra con el crimen del tranvía. La segunda esfera, la de los compañeros de trabajo, se quiebra con la traición de su supuesto amigo, quien le regala una pistola para defenderse de los vándalos pero al final lo utiliza como excusa para que lo despidan, y culmina con su apuñalamiento en la casa de Arthur. El tercer círculo, se inicia con la carta dirigida a Thomas Wayne revelando que supuestamente Arthur era su hijo, pero que al terminar lo lleva a descubrir que su madre padecía de esquizofrenia delirante y que permitió que su padrastro abusara de él de niño, esta esfera culmina con el asesinato de su madre. Finalmente, los medios de comunicación aparecen como aquellos que le proporcionan a Arthur la figura paterna ausente y su modelo a seguir: un comediante quien al burlarse de Arthur quiebra esta última esfera y termina por llevarlo a su perdición total, dejando de presentarse como Arthur y pasando a denominarse Joker; esta esfera se cierra con la muerte de comediante.

En resumen, el director de Joker nos presenta un personaje que atraviesa por un proceso de autoconocimiento en sentido negativo, es decir un camino de perdición donde la luminosidad representa la aparición del icónico villano, la actualización de una potencia que en otro entorno social y con el apoyo económico del Estado no hubiera tenido posibilidad de actualizarse.

Licencia de Creative Commons Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial 4.0 Internacional.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.